domingo, 29 de octubre de 2017

Androides y ovejas eléctricas

Un eco resuena en unas ruinas de lo que fue, ahora la radiactividad inunda lo que antes fueron enormes ciudades, convertidas en polvo, ruinas en el desierto, tormentas de arena y lluvia ácida. La vida en la tierra tiene fecha de caducidad, las exocolonias son el futuro, a un planeta que se muere. Los Ángeles, “cuna del ciberpunk” en el universo Blade Runner, una de las últimas ciudades sobre la superficie terrestre y aparece un brillo de esperanza entre tanta oscuridad. Un velo suave e impalpable. La sociedad está hundida en una mísera superficialidad, de pesado manto materialista, sexista, abigarrado y frívolo. La corporatocracia y sus nuevos dioses en forma de productos, franquicias y marcas, la nueva religión, también son los dioses de la biomecánica y biotecnología. Pero del seno creativo del humano, que creó unos nuevos seres, ahora estos presentan más humanidad que los mismos humanos, y se asoman al horizonte como un atisbo alentador entre la negrura abismal de lo real.


    ¿La continuación de la humanidad en algo fabricado por ellos mismos? Robots, androides, máquinas, replicantes..llámalo como quieras. Todo impregnado del mismo concepto, la voluntad de poder, de superarse e ir más lejos, la esencia de la condición humana, traspasada a otra nueva forma de vida, de existencia y consciencia ¿Y sí ese es nuestro destino, nuestro sentido inconsciente y por eso lo plasmamos en todas la expresiones artístico-culturales de la ciencia ficción?, pues lo sabemos interiormente, lo transportamos en el inconsciente ¿es ese el nuevo horizonte esperanzador? ¿el gran medio día? ¿La revolución que está por venir? Las limitaciones primitivas y antiguas del humano sólo nos han llevado a crear lo nuevo y mejor por venir. Pero el humano alienado en su realidad virtual llamada sociedad, no puede verlo. Su enajenación impide quitarse el vendaje y la cadena esclava. Sin embargo, estos replicantes están dispuestos a romper con todo esto que el humano convencional, de carne y hueso, no pudo antes, ni puede ahora.


    Los personajes principales tanto de las dos películas, como del libro representan lo mismo. La búsqueda interior de uno mismo y el sentido de la vida, cuestionando su propia existencia y su ser ¿Quizás hay algo más importante en la vida? Todos cumplen a la perfección la mitología del héroe, el monomito tantas veces repetido, del que se impregna toda creación humana. Como manifestación de los arquetipos que albergamos como el oro oculto en la sombra, que todos transportamos sin saberlo en nuestros hornos internos. El secreto alquímico transmutador del espíritu humano. Primero una llamada que no quiere ser escuchada por el héroe, y que niega, pero que inevitablemente lo atrae a su camino o viaje iniciático, hacia un gran descubrimiento, el de sí-mismo. El necesario y liberador proceso de individuación. Que requiere siempre un sacrificio y pasar por innumerables nuevos peligros, algunos viejos que esperaban al acecho, agazapados entre la negrura del derredor. Son las pruebas, donde el héroe tendrá que superarlas una a una. Trampas o los regalos del devenir, según como se mire. Quizás el destino vigilando en su camino, haciéndolo dudar y cuestionarse aún más. Los daimones y sus fuerzas ocultas arrojando al héroe toda clase de suertes o infortunios. Al igual que los encuentros que inesperadamente le aportan una nueva evolución en el viaje heroico. Que es más bien interior que exterior. Todo esto lo llevará hasta la última fase. La etapa definitiva, donde el héroe debe enfrentarse al dragón, a sus demonios, a las bestias de sus más profundos miedos, dicho con otras palabras, contra sí mismo. Una batalla que traerá una recompensa si se sale victorioso. Un trofeo, un elixir, la cabeza del dragón, que es más bien la asimilación de su propia sombra, la negrura que todos llevamos dentro, el equilibrio de los contrarios, que unos y otros se empeñaron en llamar el bien y el mal, y separarlos por desgracia. Pero la clave estaba en volverlos a juntar en un matrimonio sagrado. Pues ambas partes forman parte del ser, y una parte no puede existir sin la otra, tampoco la polarización o la unilateralización hacía uno de esos polos, pues eso llevaría a la locura. Lo más desafiante y difícil es la única salida, la reconciliación y unión de está dupla separada por las morales esclavas impuestas a priori . Y eso es sólo con el Amor, que es la reafirmación de la vida, la regeneración, la renovación de esta fuerza misteriosa y universal. Para ello el héroe debe sacrificarse y morir, para volver renovado, distinto, con algo nuevo, con la lección aprendida y el nuevo mensaje que ha de liberarlo a él mismo y a la humanidad de la esclavitud. Ese es el viaje que emprenden todos los personajes principales de este universo fascinante. Roy (Rutger Hauer) con sus lágrimas en la lluvia, Rick (Harrison Ford) y Rachael (Sean Young) en su huida al amor o K (Ryan Gosling) en la búsqueda del pasado que nunca tuvo.






¿Qué aporta el nuevo film a está historia universal? Blade Runner 2049, llevada tan bien acabo por el prometedor Denis Villeneuve es una continuación de la primera parte, la obra maestra de Ridley Scott, quizás sin el mismo lirismo, romanticismo y poesía en su narrativa, al menos de forma tan elegante y directa, quizás sin su trasfondo original. Pero, sin embargo, al ir yendo pensando poco a poco en esta continuación, hay ideas, mensajes ocultos trasmitidos por su estética y narrativa, que van ensanchándose en el interior de un alma sensible, y llegas a la conclusión de que tiene la misma fuerza, poder y poesía que la primera. Un lirismo similar. Un romanticismo poético y desbordante, que empieza de forma sutil y a veces brutal, irrumpiendo a retazos como un mar tempestuoso, ese mismo que choca contra el muro que protege a la ciudad de Los Ángeles, en ese futuro distópico de 2049, dentro del universo de Blade Runner. Universo posible, cada vez más cercano, mirando hacía donde vamos. Aunque la distopía en la que realmente vivimos en nuestro presente puede ser igual o más brutal. El zeitgeist que caracteriza nuestros días, no se aleja mucho del de esta obra magnífica de la ciencia ficción.


    La poderosa estética y sonido, te sumergen en el universo Blade Runner. Y esa música que recuerda a las composiciones del mismísimo Vangelis, compositor de la música de la primera. Hans Zimmer una vez más está a la altura de los grandes y aporta algo nuevo, nunca escuchado antes, poderoso, enigmático y oculto. Esos escenarios gigantescos, desolados, nos mandan un mensaje que nos advierte de como nos puede ir en el futuro si seguimos viviendo así, como esas granjas, esos campos vastos casi infinitos donde se cultivan gusanos proteicos, por llamarlos de alguna forma, pre-diseñados genéticamente gracias a la biotecnología e ingeniería genética. O el vasto lugar donde se desechan toda la basura electrónica, los inmensos basureros electrónicos y los niños trabajando para poder aprovechar esos despojos cibernéticos, al mando de un cruel y tiránico superviviente del atroz sistema. La necesidad de sobrevivir te hace adaptarte y encontrar diversos caminos para ello. El universo de Blade Runner 2049 nos muestra más esta realidad, sórdida y abrupta, más sútil en la primera película. Superpoblación en las ciudades, donde se aprecia una adicción frívola por el sexo y lo rápido. Lo frenético y lo descarado. Un machismo rezuma en el ambiente, señal del triunfo de los valores tradicionales de los antiguos sistemas sociales que precedieron a este neo-capitalismo. Es el un capitalismo igual, una corporatocracia similar, pero menos sutil, más agresiva y directa.


    La lluvia, la nieve o tal vez cenizas, todo se confunde entre una capa de niebla que no es más que la contaminación omnipresente, no deja pasar nada más que un leve atisbo de luz en el día. Las noches son frías y ásperas. Esos hologramas acompañando al paseante por avenidas y calles. Cierto atractivo en tan inquietante panorama. Las luces fluorescentes resplandecen y los sonidos de la ciudad hipnotizan pese a su hastío. Los fogonazos proyectados a la atmósfera de la Blade Runner anterior, ahora son sustituidos, por enormes torres que desafían la misma estratosfera. Las pirámides del dios de la biomecánica anterior (Tyrell corporation), son anecdóticas ante las pirámides de ese nuevo Dios (Wallace corporation). La simbología egipcia sigue tan presente. Al igual que impresionantes estatuas femeninas como las que aparecen en Las Vegas. Los animales son el artículo más valioso, como lo era en el libro. Animales reales. La sexta extinción masiva ha colapsado la biodiversidad en La Tierra, ¿la causa? la actividad humana. Son símbolo de poder y prestigio. Esto se ve reflejado en todo el universo, desde el libro hasta este último film.








El futuro está fuera de la tierra, en las exo-colonias, y para ello necesitan mucha mano de obra. Esto es lo que representan los replicantes para los intereses de los humanos. Sobre todo Wallace and company. Para ello anhela el gran milagro obrado por Tyrell y que él es incapaz de alcanzar, que los replicantes puedan engendrar vida, nuevos replicantes por sí mismos. Y en su ambición, está dispuesto a cualquier cosa. El mismo se llama padre de millones de hijos, lo que son los androides para él, sin embargo no duda en sacrificarlos en un segundo para demostrarse a sí mismo su poder. Como una divinidad mesiánica, que ha venido a La Tierra a salvar a la humanidad. Primero del hambre con sus avances en la biotecnología, creando esos nuevos superalimentos diseñados en laboratorio, luego con su sueño de las exocolonias y los replicantes como mano de obra esclava. Y aquí es donde entra en juego K o como será más tarde bautizado: Joe. Que no será más que el puente, por el que la esperanza de los replicantes se alce en una rebelión, la conquista de su libertad. Aunque para ello K deberá sacrificarse, es necesario. Y al final comprende el último mensaje en su camino de búsqueda. El mensaje del amor. Descubre no ser el niño de “sus recuerdos”, el elegido que liderará la revolución, pero será la clave para que esto suceda; pues juntará lo que se separó una vez, al padre y a la hija. Así, está listo para morir, como Roy comprendió bajo la lluvia y con la paloma en la mano, símbolo de paz, que no es otra cosa que el equilibrio entre los contrarios antes mencionado. Roy mató a su creador como venganza, pues quería vivir más, y en el mismo instante que moría comprendió. Así se traza esa conexión entre K y Roy. Los dos entienden al final de todo, al terminar sus viajes, sus caminos, unidos en el mismo punto. Los replicantes son la nueva clase despreciada y los nuevos parias; desechados, insultados, martirizados y usados. Esclavos maltratados, pero en su seno portan la luz del mañana. Al final, han sabido lo que significa ser humano, mientras que los que se hacían llamar eso mismo, se perdieron hace ya mucho tiempo y dejaron de serlo.

    La obsesión por los ojos, la mirada que Ridley dejó impregnada en Blade Runner aún se aprecia en Blade Runner 2049. Los ojos son a término el espejo del alma. Por lo tanto, el ser humano ha perdido el alma, que ahora los replicantes han desarrollado. Como si Prometeo hubiera robado este fuego una vez más, ahora a los humanos; el que una vez dió a estos. El símbolo de que la continuación del espíritu y alma humana, del ánima, está en ellos, los replicantes. El ansia del humano por la conquista de los nuevos horizontes y su curiosidad felina, lo ha llevado a una nueva fase. Su deseo de conquistar las estrellas lo llevó a crear una nueva raza esclava. Pero ellos, son una continuación del humano, de la condición humana. Con sus males y bondades, luces y sombras, miedos y esperanzas. Tal vez, una evolución de la humanidad, por eso hay una revolución en marcha, para intentar liberar a esta nueva forma de vida y consciencia, de la esclavitud. Una vez más el monomito, del mesías salvador, el Moisés que viene a liberar a su pueblo de la esclavitud o el Cristo. Profetas que anuncian una nueva era, para un pueblo y su liberación de la subyugación. En los ojos de los replicantes está esa chispa inevitable, la vida abriéndose paso una vez más y buscando nuevos horizontes donde extenderse, como la mayor fuerza del universo, como lo es el amor, algo igual de espontáneo, que surge y es imposible de frenar. Un torrente poderoso que anegará todo rincón. Así es este símil, vida-amor, esa dupla que son una misma cosa. La voluntad de poder, de superarse la vida una y otra vez. Y esa llama es la que arde en los ojos de K. La misma que ardía ya en los ojos de Rick Deckard, Rachael o el mismísimo Roy Batty. Androides más humanos que los humanos, buscándose a ellos mismos, más que en un viaje exterior en uno aún más profundo y lejano, el de encontrarse a ellos mismos y responder a las cuestiones más hondas de la existencia del ser y del mismo universo. Un verdadero ejercicio heroico y de valentía, cuestionándose su existencia y el sentido de la vida ¿Son las memorias lo que nos definen como humanos, los recuerdos del pasado? ¿El haber sido engendrados y nacido de un vientre? ¿Acaso tenemos alma? ¿Quién soy? ¿Hacía donde voy? ¿Qué es la vida?








Una vigorosa chispa, una pena insertada que los guiará más lejos de lo que hubieran soñado. El viaje hacía sagrados templos ocultos en abismos imposibles y misteriosos, guardados en las profundidades del ser. Esa estética de enormes estatuas femeninas, figuras egipcias, pirámides y altos edificios, como templos divinos, donde los dioses aguardan para responder tales preguntas. Como Niander Wallace (Jared Leto) o Dr. Eldon Tyrell (Joe Turkel), los dioses de la biomecánica creadores de los replicantes, sentados en sus tronos numinosos en sus templos. Creadores también creados, ¿pero por quién? Buscan las mismas preguntas que los replicantes y en su intento de búsqueda de respuestas, crearon vida, una nueva forma de vida, con capacidad de amar y de vivir. Con la voluntad de poder inserta en sus espíritus. Con ánima.   




Blade Runner 2049 es una interesante continuación de la historia y el universo Blade Runner, que hay que ver con una actitud y una sensibilidad profundas. Quedarse en la cáscara, en el velo estético, sería un error, que ciega a ver los poderosos mensajes y metafísica ocultos como regalos, que todos llevamos en nuestro interior, y pocos se atreven a conocer. Si por algo se define Blade Runner y sus personajes, es por la búsqueda, el camino hacía conocerse a uno mismo y cuestionarse.







sábado, 28 de octubre de 2017

El esperpento

Resumen de todo el asunto acontecido tal cual, pero con un toque de humor tan necesario en tiempos tan oscuros:


Aspectos a tener en cuenta: Puigdemont va a representar al govern de Catalunya en el supuesto diálogo y Rajoy al gobierno de España. Entre paréntesis mis comentarios personales.


Contexto general de la situación:

Los partidos de la independencia ganan las elecciones con mayoría en el parlament de Catalunya (extraña mezcla, entre la derecha burguesa tradicional catalana que lidera Puigdemont y parte de la izquierda catalana, unidos por la misma causa, la independencia. En resumen se puede decir que la burguesía conservadora catalana ha engañado a la izquierda para afiliarlos a sus intereses. Esta izquierda utópica, ve la solución de todos los males de Cataluña en la independencia y culpa al estado español solamente, sin tener en cuenta los problemas propios que son muy grandes, sólo recordar los escándalos Pujol o Más ) y están decididos a llevar a cabo lo que prometía, el proces, para alcanzar la independencia de Cataluña como república (al menos pretenden algo más moderno y prometedor que nuestra retrógrada y antigua monarquía constitucional con lastres medievales y todavía con las señas de identidad que Franco dejó en España, algo que huele a viejo y podrido, de ahí el nivel de corrupción que se ha alcanzado en la España actual, Cataluña incluida con algunos políticos que lideran el movimiento independentista involucrados en casos de corrupción). Con este contexto empieza la conversación esperpéntica entre las dos cabezas tan inteligentes de sus gobiernos respectivos, catalán y español.

-Puigdemont: Hemos ganado las elecciones y vamos a hacer lo que prometimos a nuestros votantes, que para eso nos han votado y somos mayoría de gobierno, así que no necesitamos al resto de grupos del parlament para hacer esto, aunque nos gustaría pactar con ellos para realizar un referéndum pactado con todas las garantías.
-Rajoy: Hace como que no escucha pero escucha bien y calla. No dice nada.


-Puigdemont: Vamos a trabajar para hacer la independencia.
-Rajoy: No dice nada ni hace nada.


-Puigdemont: El resto de grupos del parlament no quieren dialogar nada sobre el referéndum, y menos aún pactar. Nos gustaría poder dialogar con el gobierno y llegar a un acuerdo, porque nos han votado para esto y vamos a ser coherentes con lo que prometimos.
-Rajoy: El referéndum es ilegal.


-Puigdemont: Pero si llegamos a un acuerdo lo puede autorizar, y así el pueblo catalán pueda decidir.
-Rajoy: es ilegal.


-Puigdemont: Nos han votado para esto. Hay una realidad en Cataluña que no puede ser ignorada. Al menos hay más de dos millones de personas en Cataluña en edad de votar que quieren independencia y un porcentaje mayor que quiere el derecho a decidir (de estos tengo varios amigos en Cataluña, que no quieren la independencia ni de broma, pero si el derecho a decidir y esta situación los está molestando mucho, pues les están negando un sentimiento muy real. Reprimir es la peor de las opciones, pues siempre sale después por otro lado con más fuerza, si aplicamos la psicología a la sociedad, como si fuera un paciente al que tratar. Lo que pasa es que el gobierno español es muy mal psicólogo entre otras tantas cosas).
-Rajoy: ILEGAL.


-Puigdemont: vamos a seguir trabajando para el referéndum.
-Rajoy: Ilegal. Ilegal. Ilegal... ilegalización cannabis de calidad y...espera que esto es otra cosa (un poco de humor no está mal).


-Puigdemont : Independencia.
-Rajoy: Unas veces dice que es ilegal, otras que es anticonstitucional, otras que es antidemocrático, otras todas juntas, pero la mayoría de las veces ignora. Así durante meses, repetición de esta conversación. Primera pausa.






Retomamos la conversación por mediados de Septiembre:

-Puigdemont: Vamos a hacer el referéndum. Como tenemos mayoría parlamentaria vamos a hacerlo, queríamos haberlo pactado con los otros grupos pero no han querido, así que lo hacemos de forma unilateral, total como ustedes los del gobierno del PP que no tienen mayoría de votos, pero si en el congreso (como yo en mi caso que no los he votado y me he tenido que comer, aguantar y sufrir todas sus medidas psicópatas y fratricidas desde entonces, que son muchas) y por eso hacen lo que les de la gana sin pensar en el resto de votantes, pues nosotros igual. Porque sólo nos importan nuestros votantes independentistas y el resto nos la suda, esos no son catalanes. Como somos mayoría en el parlament gracias al pacto entre la derecha burguesa y la izquierda utópica catalanas, hemos llegado a ese acuerdo por la independencia, la vamos a hacer sí o sí; Ah, el referéndum quería decir.
-Rajoy: Está ausente. No dice o hace nada.


Vísperas del 1-O:


-Puigdemont: El 1 de Octubre habrá referéndum y proclamaré independencia, quiero decir, lo que salga como resultado de la votación (se sonríe así mismo en un espejo y se frota las manos).
-Rajoy: No dice o hace nada. Está ausente y no contesta. Está reunido con el señor Trump, pues esto es más importante que lo que está sucediendo en España. En lugar de dialogar o buscar soluciones políticas como debería haber hecho hace eones, decide mandar a la policía y la guardia civil a Cataluña, para acabar golpeando a casi 1.000 personas simpatizantes del referéndum en la calle y que fueron a votar, pese a ser ilegal la votación. Lo mejor, es que Rajoy hace todo esto a ojos de toda la prensa internacional, desplegada en Cataluña esos días por lo mediático de la situación. Claro, para mejorar la marca España de la que tanto habla, una decisión de lo más inteligente para tratar el problema y resolverlo. La reunión con Trump le ha debido afectar al cerebro ya lastimado de por sí, que tiene este hombre. Porque esa es la mejor manera de resolver el problema. Mucho mejor unas hostias que hablar. Donde va a parar. Mientras en España se escucha: ¡a por ellos oe!, ¡a por ellos oe!, y agitan banderas de España de un lado a otro. La situación en Cataluña es algo similar pero con esteladas e insultando a todo aquel que no es catalán y esto es para ellos: todo aquel que no es independentista. Otra pausa.


España pasado el 1-O:


     Nace un nuevo fervor patriótico nunca visto. La crisis no importa, ni el paro, ni la precariedad laboral, ni la deficiencia y el deterioro de la sanidad y educación públicas (los dos principales baluartes de nuestra democracia), ni la pobreza infantil, la destrucción del medio ambiente, la corrupción...todo ya da igual, incluso se han perdido 40.000 millones de euros para siempre, dinero usado de los contribuyentes para rescatar a los bancos durante la crisis, cuando sí se dejó reformar la tan sagrada constitución, para que el pago de la deuda fuera la prioridad de la nación, antes que cualquier derecho, ¿recuerdan? Aunque no pasa nada, ahora lo importante es la bandera: ¡ole! ¡ole!


    La situación es: miles de personas cantando canciones de Escobar con banderas de España y gritando: ¡viva España!,  también se escucha algún: ¡arriba España! y se ven algunos individuos con banderas franquistas y bastante agresivos. Una minoría peligrosa pero creciente. Sí, ha llegado el momento del resurgir de la extrema derecha española, una vez más. Rajoy ahora es el Salvador de la democracia y defensor del pueblo. Mientras tanto en Cataluña, ocurre lo mismo pero a la inversa. La burguesía de derecha tradicional se ha apañado para engañar a la izquierda más utópica de Cataluña, y ahora hay una masa con esteladas por las calles haciendo igual cosa que la masa españolista hace. Hay tenemos el nuevo resurgir del nacionalismo en España, renovado y con más fuerza. El nacionalismo de estado y el regional. Con sus máximas expresiones en el españolismo y el independentismo. En las redes sociales opinan todos y se aprecia una cosa: hay mucha ignorancia en este país. La poscensura y la posverdad inundan los medios de comunicación (medios de desinformación más bien) y redes sociales. Videos y fotos falsos, que luego son verdaderos, y viceversa, y la gente creyéndose todo lo que la es afín a sus ideas pre-cocinadas anteriormente, sin rigor y criterio, para afianzarse en su ganado, ser más oveja en el rebaño, arremolinándose más en su bandera preferida, eso sí, odiando y quemando la bandera contraria (y odiada). El que no se identifica con uno u otro bando, ni con banderas, ahora es un paria traidor (“dios nos coja confesados”). Los medios de comunicación parecen un circo, poco riguroso y llegan al nivel de escándalo informativo, máximas expresiones periódicos antes prestigiosos (El país por ejemplo) y las cadenas públicas: TVE y TV3.


    Entre tanto, un señor al que nadie ha votado, no trabaja pero vive en un palacio y le costeamos todos sus gastos, que no son baratos por cierto. Sí, ese que tiene un cuñado ladrón, otro drogadicto y unas hermanas que no se enteran de nada. Que también tiene un padre que caza leones y elefantes, y se iba de...bueno, todos conocemos las historias de la realeza española ¡Los Borbón!, podían hacer una serie de ellos a lo Pablo Escobar para Netflix, con las historias que tienen funcionaría muy bien. En resumen, un rey hablando de democracia y en lugar de llamar a la calma y ser neutral, dando un discurso para el que el señor Valle-Inclán inventó la palabra perfecta: esperpento.


Con todo este contexto sigue la conversación.

-Puigdemont: Aunque haya sido un referéndum de pacotilla, que no cumplen ningún requisito de transparencia, hayan votado muertos, vivos, menores, no censados...y hasta varias veces algunos individuos (imposible saber cuántos), ¡oh, milagro! ¡Ha ganado el sí!, y vamos a independizarnos.
-Rajoy: Es Ilegal.


-Puigdemont: Vamos…
-Rajoy: Ile…
-Puigdemont: a...
-Rajoy: gal…
-Puigdemont: Independizarnos.


Mientras tanto se suceden cientos de manifestaciones, como nunca las había habido, pese a los innumerables problemas importantes que sí deberían preocupar y movilizar a la gente, pero las banderas molan tanto. Última pausa.


Sigue la situación igual de esperpéntica, hasta alcanzar nuevos niveles:

-Puigdemont: vamos a declarar la independencia.
-Rajoy: Nosotros la 155 si deciden declarar la independencia.


Ahora entramos en la paradoja más ridículo nunca vista:


-Puigdemont: Vamos a declarar la independencia si siguen con las amenazas de la 155.
-Rajoy: Si siguen con la intención de declarar la independencia si nosotros amenazamos con aplicar la 155, vamos a vernos obligados aplicar la 155 (¿Surrealista verdad?).


Así ha sido hasta que:


-Puigdemont: Vamos a declarar la independencia porque no han retirado la amenaza de aplicar la 155 ni dialogado con nosotros.
-Rajoy: Bien, nosotros no dialogamos, damos hostias y nos aplauden. Así que vamos a aplicar la 155 porque sus amenazas de independencia siguen adelante.


Así entre amenazas y amenazas se encarcelan algunos líderes hostigadores del referéndum, para calmar más la situación.


Finalmente:

-Puigdemont: ¡Que vamos a declarar la independencia!
-Rajoy: ¡Nosotros la 155!


-Puigdemont: ¡Somos independientes! (entre aplausos, vítores y canciones).
-Rajoy: 155 aplicada (más aplausos, vítores y canciones; ¡a por ellos oe!, ¡a por ellos oe! (Qué ganas tenían, aunque ellos digan que se habían visto obligados).


-Puigdemont: Somos independientes, que alegría y emoción, nos da igual el pueblo, la gente y la economía. Lo importante son la patria y las esteladas, ¡Viva la nueva república de Catalunya! (en realidad, me gustaría que un día España fuera una república, creó que se acabarían muchos de nuestros males, entre ellos el rey, pero no de este modo cutre, casposo y peligroso).
-Rajoy: ¡Viva la constitución y la democracia y viva nosotros!, que hemos sabido negociar que te cagas y sobre todo dialogar como buenos políticos que somos. Ves tú, si se nos da igual de bien esto de la política que el robar, incluso vamos a ganar más votos, ¡ole nuestros huevos toreros! (otros que les importa mucho el pueblo, más casposos, cutres y peligrosos aún que el señor con nombre de Pokemon y cara de perezoso, y sus amigotes, como buen discípulo de Yoda (Pujol) que es).




Conclusión final: la democracia es una cosa rara, porque al final la mayoría decide, algo que está muy bien, pero como la mayoría sabemos como es...así hemos llegado a esta ridícula enajenación social, en España y Cataluña. Así que viva la democracia (es irónico, no se emocionen o asusten), eso sí con rey que nos lo tenemos que comer cueste lo que cueste aunque nadie lo haya votado. Y ahora para que todo sea más fácil, Soraya y Rajoy van a gestionar y ejercer de gobierno en Cataluña, gracias a la 155, en una comunidad donde nadie los quiere o ha votado, esperando solucionar así el problema (muy inteligente, ¿cierto?) y convocado elecciones para el 21 de Diciembre (¿se esperan que no van a ganar las elecciones los mismos partidos de los que ahora va a mandar a prisión a sus líderes?, pregunta retórica. Van a ganar con mayor número de votos, y el problema irá a peor me temo, porque este gobierno pese a la locura de Puigdemont y compañía, Rajoy no ha estado a la altura ¿entonces cuál será el siguiente paso?, ¿ilegalizar a los partidos de la independencia y silenciar-reprimir a una mayoría para evitar la independencia o mandar al ejército?).


    En fin, mucho falta a España y a los españoles para estar a la altura. Catalanes incluidos en esa ecuación. Y la culpa de Puigdemont y Rajoy, que no sabría decir quién tiene más culpa. Estos kamikazes de la derecha conservadora y burguesa, en su pelea de gallos sumamente inteligente, nos va a llevar a la ruina. Posdata, Cataluña ya se ha ido de España para siempre, nos guste o no, al menos espiritualmente. Y estoy convencido, que con una gestión más inteligente, elegante y humana, el problema se hubiera solucionado. Pero para estas palabras queda mucho a los españoles y a sus políticos. Gracias Puigdemont, gracias Rajoy, y gracias masa por adular y seguir como una masa zombie los absurdos nacionalismos, patriotismos, banderas e ideologías vende humos, en lugar de realizar un acercamiento para afrontar unidos los verdaderos problemas que se ciernen sobre el humano, en una épica tan decisiva. En un contexto de cambio global, extinción masiva y superpoblación, que pone en peligro la permanencia del humano en la Tierra.



domingo, 1 de octubre de 2017

De monstruos y banderas


Cuánto empeño en lo pasado,
la repetición terrible de su círculo,
el monstruo creciente de adornos,
cuelga banderas y habla de naciones,
unas nuevas, otras viejas,
ninguna de ellas esperanzadora,
pues portan las mismas dolencias,
ese perro de fuego,
escupe llamas carbonizadoras,
los señores trajeados complacientes,
observan las muchedumbres,
ni el policía, ni el porta banderas,
es libre de corazón,
sólo marionetas de aristócratas.


Oh! cuánto llanto y derramar,
en tus calles ha habido efluvios,
de lágrimas y sangre,
dolor y penas, a qué precio,
hablan de libertad, pero míralos,
ninguno sabe de libertad,
sólo un imponer, un dividir,
naciones y patrias,
terribles palabras esclavizadoras,
ni el policía quiere golpear,
ni el porta banderas sangrar,
al final todos ansían la Libertad,
la verdadera e inequívoca.


Míralos en sus altos tronos,
sus prendas purpura,
sus barrigas llenas,
y su codicia insaciable,
son los perros de la élite,
arengan y persuden,
cual lengua de serpiente,
allí está su séquito también,
son pobres y lloran,
pero no sabe por qué.


¡Ay! si supieran,
que lo son por esos otros,
de trajes y maletines,
y por sus señores de altos sombreros,
en un día la torre caería,
colosal y alta, que han construido,
a ritmo de latigazos y migajas,
cómo van a ser libres,
sino entienden, los otros sí ríen,
de su triste ignorancia.


¡Oh pueblo! Si un día despertaras,
en tu gran mediodía, cuánto sanarías,
todo ese llanto y dolor,
desaparecería, para bailar,
danzarines en cantos alegres,
no pararían de reír y correr,
y los otros serían los que sollozan,
ahora, se se han cambiado las tornas,
ya el policía no golpea,
el porta banderas no acarrea,
ya conocen la libertad purificadora.


Pero cuánto tiene que pasar,
para la llegada de tal conmoción,
creadora cual torrente vigoroso,
que atraviesa coloridos prados,
y arrastra todo lo pesado,
lastres y castillos antiguos,
río poderoso que derrumba los muros,
y abre nuevas afluentes,
hasta donde los horizontes se desbordan,
a caudales colmados y transparentes,
han saciado la sed del sediento,
ya no hay tronos ni reyes,
sólo humanos más humanos.


La espera prodigiosa,
y su reloj de arena está en marcha,
grano a grano va avanzando,
silencioso e impasible,
a nuevos amaneceres,
aunque aún haya lamentos,
serán los lamentos,
del último de los hombres.

01/10/2017 J.S. Santaigo


domingo, 3 de septiembre de 2017

Nietzsche tenía razón

Por fín llegó el momento, dedicar uno de mis breves ensayos, a uno de los filósofos que más han influido en la cultura occidental en los dos últimos siglos. Sus ideas han sido muy controvertidas, además, tergiversadas y maltratadas, no en pocas ocasiones diría yo, pero también, según mi opinión, han sido las más valientes, las que más se han acercado a describir nuestra realidad humana. Como un canto a la vida, lleno de fuerza, una corriente que viene arrastrar todo eso que suena viejo y nos ata. Tristemente, esas ideas han sido usadas una y otra vez, para justificar ciertos discursos y acciones por parte de distintos grupos a lo largo de la historia, algo que incluso él mismo predijo. Se trata de Friedrich Wilhelm Nietzsche (Röcken, 15 de octubre de 1844-Weimar, 25 de agosto de 1900).
    Es difícil leer y entender Nietzsche, malinterpretarlo es fácil. Incluso, suele ocurrir que cada uno que lo lee, coge unas ideas de acá, otras de allá, y las mezcla; para confirmar las propias ideas que tiene el lector de antemano y reafirmarse en ellas. No, para comprender a Nietzsche, hay que deshacerse de todos los prejuicios, ideas preestablecidas y leerlo a corazón desnudo. Esto implica un ejercicio de gran agalla. Muchas cosas que el filósofo dice, no gustan y vienen a romper todo lo que se da por sentado o creía previamente. Por ello, es arriesgada su lectura, sino se lee con cautela y sin prejuicios. Hay que saber leer a Nietzsche. Sin embargo, el gallardo que lo haga, va a descubrir como un rayo revolucionario y revelador, una gran verdad, una fuerza liberadora, como antes no la había sentido. El germano, también ha despertado mucho fanatismo, hordas a favor y en contra de él, más aún, la mayoría de estos, no entienden ni entendieron su profundo y poderoso mensaje, un acto de liberación radical, en todos los sentidos. Aunque, ocurrió exactamente lo que él no quería, convertirse en un ídolo adorado por otro ganado, que usaba su nombre, para sus depravados fines. También predijo que esto sucedería. Él más bien quería que su obra fuera una chispa poderosa, un aire fresco... dinamita que reventara el muro que nos encierra, esa cárcel construida por nosotros, para nosotros y, finalmente, llegara algo nuevo, una luz creadora y agitadora, una revolución como nunca antes la ha habido, toda una agitación interior.
    Lo que he pretendido hacer en este corto ensayo, es un resumen de los principales puntos de la filosofía de Nietzsche, un intento de facilitar su lectura y la comprensión de sus ideas. También, al mismo tiempo, he rescatado ciertos conceptos de uno de los pensadores que le sucedieron Carl Gustav Jung (Kesswil, 26 de julio de 1875–Küsnacht, 6 de junio de 1961), al que encuentro interesante por los paralelismos que he encontrado entre ambos pensadores. En este caso, trataré las ideas de forma más leve y somera. Pero, no deja de ser interesante ver esas sincronicidades en el pensamiento, que no son aleatorias, entre ambos, y es que Jung se nutrió de la filosofía de Nietzsche, como buen lector que fué de este, aunque no coincidiera en todos sus puntos, fue una gran influencia para el Suizo, y se ve reflejado en su obra, como veremos.


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Un filólogo Alemán y un psiquiatra Suizo, que al final han sido relevantes pensadores, según mi opinión, de los pocos valientes que se han atrevido a explicar la condición humana y las verdades ocultas de la existencia, con profundas críticas y atrevidos conceptos. Incluso han sido poetas, psicólogos y profetas de la sociedad,  adelantándose a lo que iba a venir después de ellos y lo que aún está por venir. Dos filósofos que psicoanalizaron un tiempo, una sociedad, ésta la occidental. Os invito a que disfruten de este breve repaso y viaje, en el que he tratado de ser lo más objetivo y riguroso posible, aunque siempre es imposible serlo totalmente, pues la subjetividad, más cuando se lee a estos dos seductores de la psique, es difícil. Por ello, pido perdón con adelanto, si encuentran en ciertos tramos del texto, atisbos subjetivos y retazos de mis ideas, que causalmente, no son casualidad, que se parezcan a las ideas de estos dos grandes pensadores. Ya que he de admitir, que me han influido, incluso transformado, con el paso de los años, algo inevitable, ante ideas tan grandes que ambos nos dejaron. Ya si terminó con esta introducción, dejando paso a este leve, pero necesario repaso.


Lo primero que ocurrió para que Nietzsche formulara sus polémicas teorías y pensamientos, que desde entonces no han podido abandonarnos, ya que hay algo en ellos, lo admitamos o no, que sabemos que es verdad, aunque no nos guste, alarme o incluso nos duela, fue Sócrates (Atenas, 470-ib., 399 a. C.). Sí, la causa fué el filósofo griego, de ahí Nietzsche. Lo que este empezó, Nietzsche lo iba acabar ¿Por qué? Sócrates creó una ruptura entre dos conjuntos de valores que se encuentran dentro de todos los humanos desde siempre, de forma natural y se complementan: Lo Dionisíaco (del Dios griego Dionisos, representa lo instintivo y animal, las pasiones, los valores de la vida; el inconsciente, o al menos parte de él, lo que es la sombra para Jung) y lo Apolíneo (de Apolo, representa la razón, la belleza y la conciencia; la luz). Estos valores se encontraban en la Grecia clásica, antes de la llegada de Sócrates, no separados, sino juntos y complementarios. Bien podían verse en las representaciones artístico-culturales de la época, como por ejemplo en las tragedias griegas y los mitos de los grandes héroes clásicos, así lo explica Nietzsche en el origen de la tragedia (1872), su primera obra. Sócrates separa y polariza estos dos aspectos inseparables. (Parecido a lo que dice Jung: la unilateralización, que es la separación de la sombra y la luz, la parte de la conciencia y el inconsciente, una brecha entre estas dos fuerzas naturales y de su no asimilación, de ambas partes, como un todo en equilibrio, el mal de occidente).

    Lo segundo que ocurre es la llegada de Platón (427-347 a. C.), el seguidor de Sócrates y maestro de Aristóteles (384 a. C.-, 322 a. C.). Que abre una distancia mayor entre ambas fuerzas, los dos “opuestos” que son uno en realidad. Polarizándolos aún más. Crea un mundo que no existe, la dualidad del mundo de las ideas y las apariencias. Haciendo creer que nuestro mundo es este último, un reflejo de ese otro mundo perfecto, el de las ideas, al que únicamente aspiramos. Temática que explico más en profundidad en mi ensayo: ¿Estamos en Matrix? (os dejo el enlace más abajo por si queréis ampliar). Esto implicó la apertura de un amplio abismo, una brecha profunda entre estas dos fuerzas que he hablado anteriormente. Derivado de este hecho, además, ocurre una asimilación por parte de la tradición judeocristiana de la filosofía y metafísica platónica. La dualidad pasa a la moral occidental de este modo, con la que se crea un Dios, un cielo, un infierno y, el mundo en el que de verdad vivimos, ya no cobra importancia. La neurosis obsesiva del complejo de Edipo, entre la religión y la filosofía, el origen de la enfermedad de occidente, como diría otro gran filósofo, el psiquiatra Sigmund Freud (Príbor, 6 de mayo de 1856-Londres, 23 de septiembre de 1939). La religión niega a su padre y lo mata, la filosofía; niega haber sido creada por la misma psique, de ahí la neurosis del complejo de Edipo de la sociedad de occidente.
    Siempre a lo largo de la historia, el humano ha creado dioses por miedo a la muerte, por la incapacidad de explicar la cuestión de su propia existencia y el qué hay después de la negra parca, y estos dioses inventados han creado a su vez los valores de cada cultura o pueblo. En el caso occidental donde Nietzsche se centra, ve acertadamente que son unos valores falsos,  artificiales. Conforman, lo que Nietzsche llama, una moral de esclavos; de servidores. Así, la sociedad occidental está impregnada de esta moral falsa desde entonces. Con un sistema de valores inverso: valores invertidos o falsos. Esto es lo que denuncia el filósofo. Valores como el sufrimiento, la sumisión, la falsa bondad y el sacrificio, ante ojos de un Dios también falso, al que se teme, ocasionando un resentimiento hacia la vida. El humano deja de ser él mismo, por miedo a ese Dios fabricado, finge ante la mirada de una deidad falsa, para alcanzar el inexistente cielo en la otro vida, que es un espejismo esperpéntico, un perseguir una gran mentira, sacrificando la verdadera vida, la terrenal. Esto hace que ande reprimido, podrido por dentro, pues ha negado su esencia, la ha ocultado, es un gran hipócrita. Ha ocurrido lo que el germano llama, una domesticación del hombre. Una desnaturalización, que conllevó una separación con la naturaleza que le rodea y su propia naturaleza interior. Por ello, anda resentido, con el mismo y con la vida. Eso se refleja en los males de hoy, resumidos en la destrucción de la naturaleza y el medio ambiente, y la enfermedad del humano moderno: el nihilismo. Que es una patología de su ser, en sentido ontológico. Nietzsche habla de este proceso, que nos ha llevado al sistema de valores que componen la moral de esclavos, que es la principal característica de la sociedad occidental, en su obra: la genealogía de la moral (1887). Y lo define como la transvaloración de los valores. Que no es más que todo ese curso hacia la inversión de los valores y alcanzar esa moral de resentimiento ante la vida, antes expuesta. Esto, en resumen es  la moral judeocristiana, la base de toda la cultura occidental, y como he descrito, esto tiene su origen en Sócrates, y posterior y principalmente en Platón.


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    Una vez definido y estudiado el mal de la cultura occidental. Nietzsche propone una cura: la filosofía del martillo. Que no es más que demoler, todo este sistema de valores de esclavos, falso y de resentimiento hacia la vida. Y crear una nueva tabla de valores. Para ello engendra el concepto: la muerte de dios. No dice que no existe, al contrario de lo que se piensa generalmente, Nietzsche no es ateo. Pero propone la muerte de ese Dios creado por el hombre. Un Dios falso y artificial, invertido, que en su búsqueda, el humano anda perdido y ha sido contagiado de una negación de la vida, un nihilismo que ha caracterizado los últimos dos mil años de occidente, de ahí las grandes guerras, la violencia, los nacionalismos y fanatismos. Síntomas de la enfermedad de resentimiento que se ha incrustado en esa moral débil y de esclavos derivada del platonismo judeocristiano. Por ello, propone la transmutación de todos los valores, proceso por el cual se crea esta nueva tabla de valores, que sustituyen a todos esos valores tradicionales y antiguos. Para ello, es necesaria la muerte de Dios y, dinamitar todo esa colosal torre falsa que se ha construido durante un largo tiempo.  Nietzsche llamó esa torre, llena de esas ideas tradicionales y corruptas, perro de fuego. Todo ese pasado, moralinas, banderas y valores débiles que esclavizan al humano, el pesado lastre que arrastra el hombre occidental. Ese es el perro al que debe enfrentarse, luchar y derrotar, si algún día quiere superar esa fase de fracaso y enfermedad.
    El hueco dejado por Dios, es ahora un vacío en la cultura occidental. Un hueco rellenado con otros sistemas de valores falsos. Eso es todos los ismos que vinieron después: las ideologías; que hacen lo mismo que en su momento hizo la religión, perseguir idealizaciones y mundos falsos, en lugar de vivir y actuar en esta vida y el ahora, en el verdadero mundo, éste; y vivir la vida plenamente, sin cobardía, aceptándola con lo bueno y lo malo, pues ambas partes conforman la vida (Jung llama esto, la asimilación de la sombra, el proceso de individuación hacia el sí-mismo). Aunque hay que aclarar, que para Nietzsche, no hay bueno o malo, sino valores positivos a la vida, y valores negativos a la vida, lo demás son artificios humanos. Las ciencias positivas pecan también en su intento de explicar la realidad. Esta es demasiado compleja y no se puede explicar con esos métodos. Son propuestas demasiado materialistas que olvidan lo interior, lo profundo, solamente se basan en lo observable, cuantificable, números, datos..., en definitiva, mundo exterior y superficial (Jung habla ampliamente también de esto en su obra, al definir el espíritu de nuestro tiempo Zeitgeist, en contra de la voz del espíritu de la profundidad, concepto que también acuña como conciencia colectiva; todo el pensar de una época, ciencia, religión, conciencia, dogmas, razón, etc., que rigen el comportamiento humano pero lo alejan de su esencia natural, de la verdad que aguarda en su ser). Nietzsche no crítica la ciencia, sí la forma en que se hace, su metodología incapaz de estudiar la realidad (Jung también realiza una fuerte crítica a la ciencia, pues ha olvidado estas cuestiones y se ha corrompido por la unilateralización, al igual que el hombre). Él cree que el humano sólo comprende, asimila las verdades a través de metáforas, mitos y símbolos, como los pueblos primitivos hacían (Jung muestra también todo esto en su obra, a través de los arquetipos y símbolos), esa es la única forma de hallar la verdad. Y no hay mayor veneno que una verdad oculta, o negada, y eso es lo que ha ocurrido en occidente, la abnegación que ha traído su mal. Una verdad reprimida durante un largo tiempo. Nietzsche deja este legado en su principal obra: así habló Zaratustra (1891), donde a través de metáforas, expone y profetiza la llegada del Übermensch. Lo que se conoce erróneamente como superhombre, concepto tergiversado por la historia. En realidad, se refiere al suprahombre o transhombre.

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    El  Übermensch, es aquel capaz de asimilar la muerte de Dios, no rellena ese hueco dejado por este hecho de vacío, como los hombres huecos hicieron, eso que definió como el último hombre, que es el más decadente y corrompido por el veneno del resentimiento (el paralelismo en este caso podría decirse que es el hombre sin sombra o el hombre masa de Jung, ese aquel que se ha dejado llevar totalmente por la conciencia colectiva, unilateralizado y sin asimilar su sombra), es decir, aquel que más domesticado se halla y más rechaza y niega la vida, atareado y ocupado por el materialismo extremo y de superficie, sin ningún ejercicio de mirada interior. El hombre tecnócrata, preocupado por las cuentas, fácilmente corrompido por dinero, mercancías y el negocio. La moral de esclavos, antes descrita, la moral de los débiles. También es el hombre que sucumbe a banderas, doctrinas, naciones, ideologías y religiones, un fanático, un enfermo incapaz de ser libre y escucharse así mismo, que es mandado porque es incapaz de mandarse a sí mismo, de ser él mismo. Y aquel que no se obedece a sí mismo, obedece como perro doméstico a su dueño, lo que es el humano de occidente. El Übermensch no tiene dueño, él es su propio dueño. La moral del último hombre se basa en un completo sistema de control, para ser controlado como rebaño, para ser dominado y sumiso, no lucha por su libertad, pues ignora esa gran palabra. Ese es el uso que ha dado toda esa tradición judeocristiana que ha evolucionado hasta nuestros días, la dominación y el control, la negación de nosotros mismos y del impulso de superarse. No es más que la historia de occidente hasta nuestros días, una historia de fracaso, oculto bajo mentiras y estéticas tecnológicas o visuales, mientras la verdad permanece encerrada y el veneno extendiéndose. Una moral fabricada para manipular y gobernar a un pueblo entero, eso es occidente. Y aunque en la actualidad, el hombre occidental crea haber superado la muerte de Dios, pues dice ser ateo y se ha lanzado a la tecnocracia y la ciencia, sigue impregnado de la misma moral de esclavos, de esa tradición judeocristiana pues la lleva bien incrustada sin saberlo; interiormente no ha avanzado nada. Una cosa es lo que dice y otra lo que se es.
    He aquí donde entra en juego el concepto más controvertido de Nietzsche: la voluntad de poder, que ha sido confundido y maltratado por la historia repetidas veces, no se trata de la voluntad de someter a unos u otros, de poder sobre los demás, sino de la voluntad de superarse una y otra vez, la voluntad de poder sobre sí mismo, el mayor impulso y fuerza vital, llegando más lejos que Arthur Schopenhauer (Danzig, 22 de febrero de 1788-Fráncfort del Meno, 21 de septiembre de 1860), que habla de esa voluntad, la voluntad de vivir. Pero Nietzsche lo amplía, porque lo que está vivo ya vive, no tiene voluntad de vivir, sino de superarse, una y otra vez, llegar más lejos, a eso se refería el germano. La voluntad de la vida de superarse siempre, en su sentido más profundo, creando lo nuevo, que viene a derribar lo antiguo, que representa ese perro de fuego. Y el Übermensch es aquel que es capaz de vivir acorde a su voluntad de poder, sin negarla o reprimirla, como el último hombre hace (El Übermensch para Jung, podría decirse que es el sí-mismo, que aparece extensamente en su obra, lo que también llama el Dios venidero). Se enfrenta al perro de fuego y lo derrota por siempre. Lo aplasta y vence (este perro de fuego, puede ser el dragón al que los grandes héroes mitológicos se enfrentan repetidamente, un dragón interior al que vencer, para alcanzar el sí-mismo de Jung). Nietzsche ve ese proceso hacia el Übermensch como algo inevitable, algo que va a pasar. Pero llevará un largo tiempo para su llegada. Por eso es un profeta. El hombre, es sólo un puente entre el animal que fue y lo que va a ser. Profetiza la llegada del Übermensch, pero antes deben ocurrir conmociones globales como nunca las ha habido antes (Jung también profetiza la llegada de esa fase, y de grandes catástrofes, incluso llega a soñar con las dos grandes guerras que sacudieron la Europa del siglo XX, visiones espantosas; ambos han sido profetas; para Jung el Übermensch es el dios venidero, renovado y renacido tras su muerte, pero no es un Dios ajeno, sino que está en el propio yo, el Dios que llevamos dentro, el humano que ha conseguido asimilar su sombra, que ha superado la unilateralización por fin, la conciencia colectiva y el hombre masa, ahora vive acorde a su interior, conectado con el todo, pues es el todo, ha asimilado su parte inconsciente, vuelve a haber un equilibrio entre lo dionisíaco y lo apolíneo, la luz y la sombra).

    En así habló Zaratustra se ve reflejado todo esto. Su principal obra, un conjunto de metáforas donde se asimilan estas ideas. En ella aparece un relato, que podría resumir toda la filosofía de Nietzsche, las tres transformaciones del espíritu: primero aparece el camello, que representa al humano en su fase del último hombre, que es un animal de carga, que lleva una pesada joroba y transporta mercancías,  cosas inútiles, lastres que le impiden avanzar en su viaje. Es la representación del humano atado a su moral de esclavos, de débiles y sirvientes. Atrapado es incapaz de liberarse. La segunda fase es el león, el hombre que por fin lucha para deshacerse de la pesada carga de la moral falsa, y así reinar en su propio desierto, esto es, luchar para ser libre, ser él mismo, pero aún no está preparado. Por último, llegará el niño, esa rueda que gira por sí sola, un río que anega todo valle y arrastra todo lo viejo, una estrella que brilla por sí misma, una fuerza creadora; representa el poder creativo, lo nuevo, el humano que ya está preparado para la llegada del Übermensch , momento que Nietzsche llama el gran mediodía (Jung también habla de ese niño creativo, que crea lo nuevo, como el Dios venidero antes mencionado). Este proceso de transformación se puede interpretar de dos formas: uno, como evolución espiritual interior e individual, que cada uno podemos iniciar, dentro de todos nosotros (sería para Jung el proceso de individuación hacia el sí-mismo, la asimilación de la sombra, el camino iniciático del héroe, en el monomito que Joseph Campbell (26 de marzo de 1904-30 de octubre de 1987) propone en su libro: el héroe de las mil caras (1949); obra impregnada de rasgos Nietzscheanos y Junguianos). Dos, como evolución y viaje no sólo individual, o personal, sino como evolución y viaje del humano en su conjunto (la mejor alegoría de esta idea, que se encuentra bien recogida y construida, de forma muy completa, es más, puede que vaya aún más lejos, es: 2001 odisea en el espacio (1968), la película de Stanley Kubrick (Nueva York, 26 de julio de 1928–St Albans, 7 de marzo de 1999), que no es una simple adaptación de la novela de ciencia ficción con el mismo nombre, del autor Arthur C. Clarke (Minehead, 16 de diciembre de 1917 - Colombo, 19 de marzo de 2008). Aquí Kubrick explica toda esta idea de así habló zaratustra de forma elegante y muy lúcida, es el viaje del humano, su evolución hasta el niño, el despertar del Übermensch , en el gran medio día).

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    ¿Por qué Zaratustra? Porque Zoroastro o Zarathustra, o castellanizado Zaratustra, es el profeta que fundó el mazdeísmo (o zoroastrismo), la primera religión que abrió la brecha del bien y el mal. Como Sócrates hizo, separó esas dos fuerzas inseparables. Así lo que Zaratustra empezó, Zaratustra debía terminarlo. Nada es azaroso en las elecciones de Nietzsche. Y así en su legado fue dejando estos pequeños regalos, de los que nuestra cultura se ha impregnado para bien o para mal. Sin embargo, queda un último paso, una última prueba, tal vez la más difícil, su concepto más complejo: el eterno retorno. Se ha interpretado de muchas formas, como la eterna vuelta de todo lo mismo, una y otra vez, desde los detalles más insignificantes, todo vuelve a suceder tal cual (para Jung este proceso se llama circunvalación, como ciclo cosmogónico que se repite una y otra vez). Pero para Nietzsche es una reafirmación, no solo de la vida, sino de la voluntad de poder. Se trata de que si viviéramos eternamente la misma vida, siempre elegimos vivirla de igual forma. Dicho de otra forma: vivir de forma que si viviéramos infinitas veces, siempre lo haríamos del mismo modo, y no nos arrepentiríamos. Es decir, vivir el momento, pues es lo único que poseemos, el único lugar donde el pasado y el futuro se cruzan y se miran. Es un sí a la vida pese a lo bueno y lo malo, pese a lo alegre y a lo que duele, pese a la felicidad y el sufrimiento, una reafirmación con todas sus consecuencias. Una aceptación de la vida y la voluntad de poder, que supera la enfermedad del nihilismo. Vivir dando lo máximo, una potenciación vital y vigorosa, la interpretación más poderosa del concepto vida. Vivir tal y como lo haría el Übermensch. O como diría Nietzche, ser capaz de ser tú mismo, vivir plenamente sin cobardía. Un sí alto y fuerte a la vida, al amor en definitiva como a mi me gusta decir, pues este es vida, es pura creación, una rueda con inercia propia, que gira por sí sola, y no depende de otro, u otros para girar, menos aún de dioses inventados, doctrinas falsas o ideologías que venden un resentimiento a la vida, pues todo lo que es negar la voluntad de poder, es negar la misma vida.


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Es imposible hacer una síntesis completa de toda la filosofía de Nietzsche, de forma sencilla y clara, para que se entienda. Al menos espero haber conseguido que se despierte una inquietud, un deseo de saber. Una voluntad de poder, que os anime al menos a viajar, explorar, ir más lejos, quién sabe, incluso superaros, para realizar ese camino hacía el niño, el Dios venidero, el Übermensch, y el sol del mediodía alumbre un nuevo despertar. Una nueva consciencia naciente que ha superado los lastres violentos y primitivos de nuestra especie, y nos impiden evolucionar por dentro, algo muy distinto a la evolución tecnológica de dependencia y debilidad, que es exterior tan sólo, en la que andamos sumidos, los occidentales. Reencontrarnos con lo que somos, viajeros, exploradores, artistas, pioneros, seres creativos, y no hay nada más creativo que la vida, y eso es Amor, el de verdad, no ese de cartón de películas y novelas de moral de esclavos. Pues el Amor, con mayúscula es poderoso, no débil. Me despido diciendo una vez más, buenas tardes, pero añadiendo un hasta pronto.


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